Rodolfo de la Vega: tú baila las canciones

A Rodolfo de la Vega, “el vato que respira”, @elvatoquerespira lo conocí de una de las formas más random que se puedan imaginar. Y de ese encuentro completamente inesperado terminó naciendo algo que para mí ha sido muchísimo más importante: encontré a uno de mis mejores amigos.

Y nuestra amistad comenzó de una manera bastante particular.

Prácticamente al día siguiente de conocerlo lo invité a entrenar conmigo: tabatas, abdominales y muchísimo ejercicio desde la mañana. No hubo demasiados protocolos. Había que levantarse y hacerlo.

Creo que ahí nos reconocimos.

Porque descubrimos que compartíamos tres valores que terminarían convirtiéndose en parte fundamental de nuestra amistad: disciplina, constancia y lealtad.

Pero Rodolfo también me enseñó algo que después transformaría mi manera de entender la respiración.

Me enseñó a encontrar el ritmo.

Y un día me dijo una frase tan sencilla que terminó quedándose conmigo:

TÚ BAILA LAS CANCIONES.

No me estaba hablando solamente de bailar.

Me estaba enseñando a dejar de pelearme con el ritmo y empezar a entrar en él.

Rodolfo me mostró cómo respirar siguiendo la cadencia de una canción. Yo llevaba mucho tiempo escuchando psychedelic trance, así que inevitablemente llevé aquello a mi propio mundo: comencé a experimentar con mi respiración siguiendo esos ritmos, sintiendo cuándo inhalar, cuándo exhalar y, sobre todo, aprendiendo a escuchar mi propio cuerpo.

Ahí entendí algo que hoy forma parte de mi manera de practicar la respiración: alguien puede enseñarte el camino, pero tú tienes que encontrar tu ritmo.

Y eso conecta directamente con la conversación que tuvimos sobre lo que para nosotros significa decir que somos dioses.

No hablamos de ser superiores a nadie. Para mí, reconocer a Dios dentro de uno mismo implica también reconocer esa posibilidad en el otro. Cada persona puede encontrar esa dimensión de una manera distinta. Rodolfo la encontró a través de su experiencia; yo he construido mi propio camino combinando respiración, ejercicio, comunicación, reflexión y mi estructura 3-6-9.

Pero hay algo que compartimos: ninguno de los dos cree que basta con decirlo.

Hay que vivirlo.

Disciplina para hacerlo incluso cuando no tienes ganas.
Constancia para regresar mañana.
Lealtad para no traicionarte a ti mismo ni a quienes caminan contigo.

Y quizá respirar sea una metáfora perfecta.

Recibes el aire. Lo incorporas. Y después tienes que soltarlo.

3: recibes.
6: transformas.
9: sueltas.

Después vuelves a empezar.

Como una canción.

Por eso aquella frase de Rodolfo terminó significando para mí mucho más de lo que parecía:

TÚ BAILA LAS CANCIONES.

Encuentra tu respiración. Encuentra tu ritmo. Encuentra aquello que te hace regresar todos los días.

Y sí, Rodolfo y yo hablamos como somos. Genuinamente nos vale verga aparentar algo que no somos. No necesitamos disfrazar nuestra amistad ni nuestra espiritualidad para hacerlas aceptables para alguien más.

Quizá por eso nos entendimos tan rápido.

Dos amigos que se encontraron de la manera más random, comenzaron haciendo abdominales y terminaron hablando de respiración, disciplina, música, amistad y Dios.

Porque tal vez encontrar tu ritmo también sea una manera de encontrarte a ti mismo.

 

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