Fernando Miramontes: cuando descubres a Dios en el otro

Invité a mi querido hermano Fernando Miramontes a conversar sobre una idea que para mí se ha vuelto fundamental: ¿qué significa decir que todos somos dioses?

No hablamos de un Dios lejano, castigador o separado del ser humano. Hablamos de buscar lo divino dentro de nosotros y, sobre todo, de preguntarnos cómo se manifiesta en nuestros actos cotidianos: en el amor, en la bondad, en el trabajo en equipo y en la manera en que tratamos a los demás.

Porque entre tú y yo existe un espacio. No solamente una distancia física, sino una relación que construimos con cada palabra, cada intención y cada acción. Desde mi visión espiritual, ese espacio puede entenderse como aquello que distintas tradiciones han intentado nombrar de maneras diferentes: el Espíritu Santo dentro del cristianismo, conceptos asociados con la divinidad y la creación en la Kábala, el antiguo concepto del éter, o la Látiz propuesta por Jacobo Grinberg dentro de su Teoría Sintérgica. No afirmo que todos estos conceptos sean científicamente equivalentes; los utilizo como distintas ventanas para explorar una misma pregunta: ¿qué existe entre nosotros y qué estamos depositando ahí?

Fernando nos comparte su propia respuesta desde algo mucho más importante que una definición: su experiencia de vida.

Nos cuenta cómo lo ha tratado la vida, lo que ha aprendido de ella y cómo, a través de ese camino, terminó encontrando a Dios dentro de sí mismo. Para Fernando, reconocer esa dimensión interior no significa colocarse por encima de los demás. Al contrario: significa asumir una responsabilidad mayor sobre lo que hacemos con nuestra existencia.

Ahí encuentro también mi propio 3-6-9.

El 3 es recibir: las personas, experiencias, golpes, aprendizajes y oportunidades que llegan a nuestra vida.

El 6 es transformar: decidir qué hacemos con todo aquello que recibimos y convertirlo en presencia, trabajo, amor, disciplina y servicio.

Y el 9 es devolver y soltar: comprender que aquello que aprendimos no necesita quedarse encerrado dentro de nosotros. Podemos regresarlo al mundo convertido en algo que nutra al otro.

Es como respirar. Recibimos, transformamos y devolvemos.

Y quizá ahí esté una de las maneras más sencillas de comprender lo que queremos decir cuando afirmamos “todos somos dioses”: no como una declaración de superioridad, sino como una invitación a reconocer nuestra capacidad y responsabilidad para crear algo en el espacio que compartimos.

Después de conversar con Fernando, solamente puedo agradecer al universo haberme encontrado con una persona así.

Porque para mí Fernando Miramontes es Dios cuando ama, cuando actúa con bondad, cuando trabaja en equipo y cuando sabe ser hermano.

Y quizá la pregunta verdaderamente importante no sea si somos dioses.

La pregunta es:

si dentro de ti existe algo divino, ¿qué estás haciendo hoy con ello?

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